¿Por qué participar en un rally de resistencia?
- Dr. Alex

- 30 jul
- 4 min de lectura
Actualizado: 1 ago
Más que kilómetros, una experiencia que transforma vidas.
En octubre de 2021, mientras veía algunos videos en YouTube, encontré los testimonios de motociclistas que narraban la experiencia de participar por primera vez en un rally de resistencia. Sus historias despertaron mi curiosidad y comencé a investigar más sobre este fascinante mundo.
Fue entonces cuando conocí a ROSACRUCES MC, un motoclub dedicado a organizar este tipo de eventos. Descubrí que en enero de 2022 realizarían un rally en la categoría Hámster, cuyo reto consistía en recorrer 800 kilómetros en menos de 12 horas.
Asistí a las reuniones informativas donde explicaban el recorrido, las reglas, los requisitos de seguridad y la importancia de planear una estrategia.
Ahí entendí que un rally de resistencia no consiste únicamente en acelerar una motocicleta; es una prueba de preparación, disciplina, resistencia física y fortaleza mental.
Después de cumplir con la Revisión Técnica de mi Honda CB190R, solo quedaba esperar el gran día.
El evento se llevó a cabo del 7 al 9 de enero de 2022. La tarde del día 7 asistimos a la reunión final de pilotos, donde recibimos las últimas indicaciones.
La salida sería el 8 de enero a las tres de la mañana.
Llegué al punto de reunión alrededor de las 2 de la Mañana
Al principio vi unas 40 motocicletas, pero conforme pasaban los minutos seguían llegando participantes hasta reunir a más de 100 motociclistas, todos con un mismo objetivo: recorrer 800 kilómetros atravesando la Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Morelos y regresar a la Ciudad de México.
En ese momento yo no tenía experiencia en este tipo de competencias. Llevaba el equipo básico de protección, una gran cantidad de herramientas pensando que cualquier cosa podía suceder y, sobre todo, una enorme incertidumbre.
No conocía a nadie.
La adrenalina comenzó a recorrer todo mi cuerpo mientras se daba el banderazo de salida.
Los grupos partían de diez en diez.
Aún recuerdo aquella sensación de incertidumbre al intentar seguir la ruta con Google Maps. Veía a otros motociclistas tomar caminos distintos y llegué a pensar que desde los primeros minutos ya estaba perdido.
Mientras avanzaba rumbo a Toluca comenzaron a aparecer los primeros pensamientos.
¿Qué estoy haciendo aquí a estas horas?
Debería estar durmiendo en mi casa.
Y finalmente llegó el pensamiento que cambió todo:
"Ya te inscribiste... ahora tienes que terminar."
Conforme avanzaban los kilómetros, el frío de enero comenzó a convertirse en el verdadero enemigo. Desde Toluca hasta Hidalgo el aire helado atravesaba toda mi ropa. Solo llevaba una chamarra, dos playeras, unos guantes de tela, pantalón de mezclilla con protecciones externas y botas.
Hubo momentos en los que estuve a punto de abandonar.
Sin embargo, dentro de mí había una voz que repetía una y otra vez:
"No te rindas. Ya empezaste. Ahora termínalo."
Después de dejar atrás Pachuca, rumbo a Tlaxcala, viví uno de los amaneceres más hermosos de toda mi vida.
Jamás olvidaré la sensación de sentir los primeros rayos del sol calentando lentamente mi cuerpo después de varias horas soportando un frío intenso.
En ese instante comprendí que existen momentos que solo pueden vivirse sobre una motocicleta.
En el segundo punto de control, en Tlaxcala, los integrantes de ROSACRUCES MC TLAXCALA nos recibieron con una calidez extraordinaria. Ahí descubrí el verdadero significado del compañerismo entre motociclistas.
Como principiante cometí uno de los errores más comunes: perder tiempo en cada parada sin comprender que esos minutos jamás se recuperan, especialmente cuando conduces una motocicleta de baja cilindrada.
Más adelante llegamos a Puebla y posteriormente a Tequesquitengo, Morelos, donde nuevamente otro motoclub nos recibió con hospitalidad y apoyo.
Ya era cerca de la una de la tarde cuando comprendí que solo quedaban poco más de dos horas para regresar a la Ciudad de México.
Había que enfrentar el tránsito de la autopista México-Cuernavaca en un sábado, con todo lo que eso representa.
Cuando crucé la caseta de Tlalpan y vi el reloj marcando las 2:20 de la tarde, supe que era posible lograrlo.
Minutos después crucé la meta.
Aún recuerdo que alguien se acercó y me dijo:
"Tranquilo... ya llegaste. Estás dentro del tiempo."
Aquellas palabras fueron una enorme satisfacción.
Ese día comprendí que un rally de resistencia va mucho más allá de recorrer kilómetros.
Salir a rodar con amigos de un punto "A" a un punto "B" es una experiencia extraordinaria, pero un rally te obliga a enfrentarte a ti mismo. Te enseña a administrar el cansancio, a controlar tus emociones, a tomar decisiones bajo presión y, sobre todo, a descubrir de qué eres realmente capaz.
También aprendí una de las lecciones más importantes de mi vida como motociclista: nunca debemos escatimar en seguridad.
En aquel primer rally participé con el equipo mínimo. Hoy pienso completamente diferente.
Si vas a subirte a una motocicleta, ya sea para trabajar, viajar o simplemente disfrutar una rodada, debes invertir en tu protección y en el mantenimiento de tu moto. Ningún ahorro vale más que regresar sano y salvo a casa.
Ese primer rally no solo cambió mi forma de conducir.
Cambió mi forma de entender el motociclismo...
...y también cambió una parte de mi vida.
Muchas gracias a Israel Guadarrama (Don Silverio), Tamara de Jarmy, Edmundo de Jarmy (Sota), Adrian Cossio, gracias por su amistad y apoyo.
Notster 800 km
Edición 2021
Hamster Division






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