top of page

Mi Revancha.

Este rally significaba mucho para mí.

No era mi primer rally... era el segundo. Y aunque eso

podría sonar como experiencia, la verdad es que también cargaba algo más pesado:

el miedo de no volver a terminar.



Pero creo que justo ese miedo fue lo que me ayudó a prepararme mejor.

Porque si algo aprendí en los rallys es que no empiezan cuando arrancan los motores ni

cuando pasas el RTO.

Empiezan desde el momento en que decides participar.

Como mencioné, este era mi segundo rally.

En el anterior, por diferentes circunstancias que fueron apareciendo en el camino —incluido el agotamiento mental— no logré terminar a tiempo y decidimos detenernos estando a apenas dos horas y media de la meta.

Fue frustrante.

Sentí que había dado absolutamente todo... y aun así no fue suficiente.


Así que cuando decidí entrar a este rally, entendí que algo tenía que cambiar.

Esta vez no habría tregua mental.

Tenía que terminar sí o sí antes de las 24 horas.


Primero preparé la máquina: una Royal Enfield Meteor 350, alias La Beba.

Revisé hasta el más mínimo detalle para evitar cualquier contratiempo durante el rally. Pero también aprendí a “meterle mano” por si algo ocurría en carretera.


Después seguía yo.


La pregunta que más me hacían —y que honestamente tampoco sabía responder— era:


“¿Cómo haces para mantenerte despierta 24 horas?”


Y la realidad es que no existe una sola respuesta.

Así que opté por algo más simple: mantenerme hidratada todo el tiempo y, si mi cuerpo

pedía descanso, hacerlo sin pensarlo dos veces.

El verdadero reto era aprender a escucharme para tomar mejores decisiones.


Un día antes dejé todo listo:

herramientas, kit para pinchaduras, aceite, bujía de repuesto, ligas, cinchos, mi camelbak,

un termo con agua, comida ligera, bolsas ziploc, impermeable —porque se pronosticaban

lluvias fuertes— y, lo más importante, mis hojas responsivas.


La Beba y yo nos trasladamos al punto de salida.


Pasamos el RTO, descansamos un rato y finalmente llegó el momento de arrancar.


Para entonces ya estaba mi novio ahí, echándome porras y, sobre todo, pendiente de

monitorearme por si llegaba a pasar algo.


Entonces empezó la cuenta regresiva.



Yo tenía la adrenalina hasta el tope.

—10

—9

—8

—7

—6

—5


(Karen, no te aceleres mucho)

—4


(¿Sí tienes todo?... bueno, ya así)

—3


(Ay, qué nervios)

—2


(¿Por dónde tengo que salir? Está cerca la avenida, pero es sentido contrario... bueno,

sigo a los demás)

—1


(Vamos por la revancha).


Y Salimos de Tulum....


Y casi de inmediato empezó lo complicado:

la lluvia.


Seguimos avanzando hasta llegar a mi némesis personal: la famosa zona de curvas. Bajé la

velocidad, pero eso ya estaba contemplado dentro de mi estrategia, así que no me

preocupé demasiado.


Hasta que apareció el primer imprevisto.

Me volé un tope.

Mi alforja derecha se abrió y salió disparado mi termo de agua... mi termo de Harry Potter,

de una colección que sacó Walmart.

Todavía me duele recordarlo.

Como nunca vi dónde cayó, solo cerré la alforja y seguí avanzando.


Pasé el primer check point pensando que todo iba conforme al plan.


Qué ingenua era.


Porque el universo... y Chaac... tenían otros planes.


En un tramo de la carretera empezó a llover con una intensidad brutal. Había momentos

donde no podía ver nada; apenas alcanzaba a distinguir las luces de los autos atravesando

aquella cortina de agua.

Me aferré a la línea del acotamiento y bajé muchísimo la velocidad.

Por momentos, la carretera se iluminaba únicamente por los rayos que caían a la distancia.

Ahí fue cuando decidí detenerme en una gasolinera de Bacalar.


Revisé el mapa, vi que ya estaba relativamente cerca del siguiente check point, me amarré

los pantalones, tomé un poco de agua y le seguí.


Por suerte, para ese momento la lluvia empezaba a dar tregua.

Ahí también me encontré con unos amigos del rally.

Cruzamos unas palabras de ánimo ycontinuamos.

Y entonces llegó la parte peligrosa del rally:

cuando todo parece demasiado tranquilo.


Porque es justo ahí donde el cansancio empieza a meterse en tu cabeza.






Así que hice una parada rápida para comer algo e ir al baño antes de continuar.

En ese tramo había una especie de hidrante azul lanzando un chorro de agua bastante

fuerte hacia la carretera.

Para mi suerte, un tráiler iba delante de mí y se detuvo justo donde

salía el agua, así que pude pasar sin problemas.


Los siguientes dos check points estuvieron relativamente tranquilos... demasiado tranquilos.

Por momentos empezaba a quedarme dormida.

Así que seguí uno de los consejos que me dieron otros compañeros del rally: bajarme de la

moto y echarme agua helada en la cara para despertar.


Y funcionaba.


Al llegar al check point de Progreso me di cuenta de algo:

la mica de una de mis direccionales ya no estaba.


¿En qué momento se cayó?

No tengo idea.

Así que tocó improvisar.

Saqué una bolsa ziploc, unos cinchos... y asunto arreglado.

Listas para continuar.


Para entonces ya me sentía cada vez más cerca de casa.

El tramo que seguía era carretera

que ya conocía muy bien, así que no dudé ni un segundo en seguir avanzando.

Cuando llegué al check point de Tizimín y vi la hora, algo cambió.


La felicidad me borró el sueño de golpe.


Ya podía sentir la meta.


Solo pensaba en llegar. En abrazar a mi novio, que estaba esperándome ahí.


Desde ese check point hasta la meta no volví a detenerme ni una sola vez.

Otra vez sentía la adrenalina recorriéndome todo el cuerpo.


Vi el puente de Xel-Há...


... y sentí que ya estaba del otro lado.


Después apareció el puente de Tulum...



Y ahí fue cuando me solté a llorar.



No podía creerlo.


Lo había logrado.


Y justo en la entrada de Tulum estaba él:

mi novio, esperándome.


Apenas me vio, empezó a brincar con las manos arriba.


Me detuve y nos abrazamos.


Estaba feliz.

Feliz de haber terminado.

Feliz de estar bien.

Feliz de llegar sin un solo rasguño.


Después, juntos —cada quien en su moto— llegamos al lugar donde ya estaban varios

compañeros esperándome, aplaudiendo mi llegada y felicitándome.



Me bajé de La Beba mientras le tomaban foto al odómetro.


23 horas y media.


Mi novio me recibió con flores y unas manzanas que tanto me gustan.


Y así fue como finalmente conseguí mi revancha.


Muchas gracias a los organizadores, porque todos sus consejos me ayudaron muchísimo.


También conocí gente increíble que estuvo compartiendo anécdotas, experiencias y apoyo

durante el camino.


La premiación estuvo llena de historias, risas y momentos que solamente entienden quienes

han pasado horas peleando contra la carretera, la lluvia y el sueño.


Y hay algo que todavía me sorprende más:

En este rally fui la única mujer inscrita.


Así que, chicas...

¿qué están esperando?


Porque sí, da miedo.

Sí, cansa.

Sí, hay momentos donde quieres rendirte.


Pero es una experiencia que al menos una vez en la vida tienen que vivir.



Karen Hu.

Kukulcan Zama Tulum 2026

1000 Millas X 24 Horas

Meteor 350 cc.

29 Mayo 2026.



 
 
 

Comentarios


Rosacruces Mc Rally Not Right Riders, Armageddon Rally , Iron Butt, Rally, México, Moto, Notster 800, Hamster Academy, Rally
bottom of page