El mundo convencional duerme, pero en mi garaje se respira una tensión eléctrica. Faltan 72 horas y el silencio es absoluto, roto únicamente por el clic metálico de la llave ajustando el último tornillo de una máquina que el mundo se atreve a llamar "urbana". Dicen que la Pulsar NS200 es una criatura de ciudad, pero hoy la reclamo como una bestia de guerra. No buscamos un paseo; buscamos el límite, y para ello la he dotado de una visión sobrenatural: exploradoras amarillas qu